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martes, 18 de octubre de 2011

Cosas que me crispan (I)

Bueno, esta vez, he decidido dedicar mis párrafos a las cosas que no soporto en este mundo,  en este humilde espacio, queridos lectores no pueden faltar las algas.

Las algas, no se llevan bien con el ser humano. Las plantas normales nos pueden dar su aroma, su fruto... pero lo único que nos dan las algas es asco, las algas son el único defecto de la playa ( junto con la arena), las algas son las únicas plantas que odian las mujeres, ¿por qué? Porque no hay que regarlas. Los humanos somos así, solo damos cariño a los seres inofensivos. Por ejemplo, a las palomas, que son objetivamente repugnantes, incluso más que las algas, se les puede hechar miguitas, y por eso hay gente que las coge cariño. A los mandriles, esos del culo rojo, les puedes hechar cacahuetes, a los perros les puedes hechar un hueso, a las patatas les puedes hechar ketchup... A las algas no les puedes echar ni ketchup. Bueno, no sé, porque ahora resulta que se comen.

Las algas eran de las pocas cosas que quedaban por probar si eran comestibles. Qedaban las piedras, el fuego, las nubes y las algas, y está claro que la idea de comer algas fue de los japoneses. Todos sabemos que Japón es una isla muy pequeña, que viven todos apretados. Alli no hay sitio para vacas, ni cerdos, ni comida de verdad, ni nada.

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